
«Soy Alberto del Vado, novelista autor de El sueño del koala. Rondaba los quince años cuando escribí mis primeros relatos. En ellos narraba mis vivencias comerciales, que comenzaron cuando con doce años vendía bocadillos de foie-gras en la piscina a los adolescentes fumetas, y continuaron con una cruzada contra la piratería de los videojuegos que consistía en desprestigiar el mercado negro. Para ello vendía casetes sin contenido en el rastro de Madrid—por si no lo sabes, las casetes eran unas cajitas con una cinta magnética que contenían videojuegos—. Hasta que los clientes insatisfechos corrieron la voz de las peculiaridades de mi producto (no siempre es beneficioso el boca a boca) y decidí cerrar la empresa para preservar mi integridad física. No pude acabar con la piratería. De repente me hice adulto y me encontré tirando de cajas de vino en un camión. No era lo mío (lo del vino sí, era lo de trabajar como repartidor lo que no me sentaba bien). Como mis escritos estaban lejos de reportarme beneficios, analicé el mercado laboral y constaté que el graduado escolar no abría demasiadas puertas. Entonces desempolvé las neuronas y me diplomé como Técnico Superior en Creatividad y Técnicas Publicitarias mientras daba panderazos como camarero los fines de semana. Pero no obtuve los frutos deseados. Unas cuantas suplencias como copy (es que suena más rimbombante que redactor) en los períodos estivales fue todo mi bagaje en el sector publicitario. Con más años de los recomendables para conseguir trabajo de redactor en prácticas, decidí focalizar mis esfuerzos en la búsqueda de un empleo estable que me dejara tiempo libre para escribir. ¿Y dónde encuentras un trabajo para toda la vida que te permita dedicarte a otra cosa que no sea solo tu trabajo? Eso es, amigo mío, en la administración. Ya con mi plaza de funcionario, realicé varios cursos de escritura creativa y devoré todo lo que cayó en mi mano relacionado con el tema. Tras publicar dos relatos como finalistas de un certamen literario, me lancé a escribir mi primera novela: El sueño del koala. Y aquí sigo, trabajando en el Ayuntamiento de esta mi ciudad que es Madrid y alimentando mi vicio por la escritura con el sueño de que algún día, por qué no, el vicio se convierta en oficio».