
La llegada de nuevos vecinos puede ser emocionante, pero para Hugo es una pesadilla. Psicólogo clínico, meticuloso y con poca paciencia para el ruido, ve cómo su vida tranquila se desmorona cuando su nueva vecina, Leah, se instala con su perra hiperactiva, un gato indiferente y un arsenal de sahumerios. Leah es un risueña, soñadora y con más energía de la que Hugo puede manejar. Él necesita paz. Ella trae risas, amigos fiesteros y un caos que lo saca de quicio. Lo que empieza con golpes en la pared, discusiones en el pasillo y miradas fulminantes pronto se convierte en algo más... intenso. Porque, por mucho que se empeñen en llevarse mal, la atracción es innegable y pronto descubrirán que la tensión entre ellos no es solo irritación. El amor puede estar al otro lado de la puerta... si es que Hugo sobrevive a tanto incienso y ladrido.