
Tiene vocación de mitóloga y confiesa que, en las noches de luna nueva, se transforma en niña salmón. Sostiene que no es poeta porque no mide los versos, aunque decir que escribe prosa sería quedar a media verdad. Vive con la manía de mezclar tradiciones, mitos y una mirada amable sobre el mundo (que, para malos ratos, ya está la vida real).