UNA PULP FICTION CARIBEÑA San Juan Puerto Rico, 1952El asunto empezó con una voz temblorosa por teléfono en una madrugada de abril. Una corista llamada Rebecca. Su amiga y cantante, Isabela Cruz, la había encontrado muerta. Dijeron que fue suicidio con cianuro. Pero ella no lo cree. Y yo... comencé a dudarlo. Isabela cantaba con el alma rota y la mirada de quien había visto demasiado. Saber demasiado era el problema. Me propuse saber por qué. Eso me llevó a toparme con hombres de traje caro, mujeres de piernas peligrosas y un poder tan bien vestido que da miedo tocarlo. Lo que encontré no fue solo una tumba de secretos, sino algo más grande que si se destapa... no hay vuelta atrás.