La Ciudad de México
1998
José María Lafragua, Manuel Orozco y Berra
La conquista rápida y la colonización dilatada, lenta y decididamente transformaron la visión, sentido y forma de la ciudad, dejando amplísimos testimonios de su acción sobre la capital de Nueva España. Esos testimonios van a referirse a su organización, a la distribución de su población, sus aprovisionamientos, sus obras públicas, sus instituciones, sus hombres, etc., testimonios que como los del mundo prehispánico acerca de estas mismas cuestiones serán inmensos, pero con la diferencia de que éstos sí habrán de llegar casi en su integridad a nosotros.
De esta suerte, en los archivos de las múltiples dependencias virreinales concentraronse multitud de expedientes referentes a la ciudad.
Tanto en la secretaría del Virreinato, órgano centralizador de buena parte de la acción gubernativa, como en el archivo del Cabildo Municipal, del Ayuntamiento; y también en los variados archivos eclesiásticos, la documentación que hace referencia a la metrópoli mexicana es inmensa. Pero no sólo aquí, sino que también en el exterior, en España principalmente, en muy diferentes repositorios públicos y privados, guárdanse ricas fuentes sobre nuestra ciudad y lo mismo ocurre en París, en Florencia, en Roma, en Viena, en Bruselas, en Upsala, en Londres, en Praga y en muchas otras ciudades del Viejo Mundo, a donde por mil diversas causas y en diferentes tiempos fueron a parar los testimonios relativos a México. En múltiples guías documentales, cuya enumeración, a más de cansada sería inútil, puesto que sólo podrá dar una vaga idea de los muy preciados tesoros que hemos perdido y que tanto importa conocer, descríbanse con minucioso cuidado, erudita técnica y la amplitud que el caso requiere, esos testimonios, los cuales valdría la pena se recopilaran, pues proporcionarían muchas luces respecto a la ciudad y las bases esenciales para edificar un sólido y amplio trabajo. Algunos de esos testimonios ya han dado lugar a la realización de importantes estudios y su edición ha enriquecido sobremanera nuestras fuentes históricas; díganlo si no el Mapa de Upsala, la Crónica de Vázquez de Espinosa, los escritos de Cervantes de Salazar, los de Ajofrin y muchos otros, los cuales no han agotado los veneros, sino tan sólo mostrado la rica variedad que contienen.