Según la teoría de cuerdas, tanto los constituyentes fundamentales de la materia como las distintas formas de interacción entre ellos no son entes puntuales, tal como propone la física de partículas elementales, sino objetos unidimensionales infinitamente delgados denominados cuerdas. Las cuerdas no tienen espesor: no son «muy» delgadas sino «infinitamente» delgadas. No están constituidas de elementos aún más pequeños, sino que son el menor elemento que lo constituye todo, incluso a ellas mismas, que, libres de dividirse en más cuerdas, surcan el espacio en una danza que es composición de todo lo que vemos, y son, a su vez, la razón por la que lo vemos.