
Esa fue la primera vez que le vio. No era más que un rayo de luz en el cielo, una estela blanquecina cayendo sin tregua en un mundo que no era el suyo. Sam era incapaz de apartar la vista de semejante espectáculo de la naturaleza. En un principio no comprendía lo que estaba viendo, pero estaba segura de que no era de este mundo. “Un ángel”, pensó.