El alcoholismo ha sido, desde hace mucho tiempo, un grave problema en El Salvador. Cada año millares de salvadoreños mueren como consecuencia directa de las enfermedades causadas por el alcohol o por las conductas que éste genera. El autor describe las dificultades que enfrentaban las familias de los campesinos a principios del siglo pasado, cuando éstos, trabajadores que mostraban una actitud responsable durante toda la semana laboral, bajaban al pueblo “a divertirse”. La diversión comenzaba en el “estanco o cantina”. Ahí se encontraban con sus amigos y compañeros para conversar…. e ingerir licor, “el veneno” como lo llama Alberto Masferrer. Al caer la tarde, ya totalmente ebrios, los trabajadores embrutecidos, se veían envueltos en peleas a machetazos o balazos y terminaban heridos, en la cárcel o muertos. El alcohol los embruteció. Los hizo perder la razón. Se gastaron todo lo que habían ganado en la semana. Ahora habrá deudas que pagar o, a lo mejor, un padre ausente por un largo tiempo o para siempre. El panorama no ha cambiado mucho desde entonces hasta El Salvador del siglo XXI, donde el alcohol sigue causando muchas muertes y problemas similares a los descritos. También se refiere el autor, a todos los involucrados en la industria y venta del aguardiente, como personas vinculadas a la maldad y que obtienen de los campesinos y trabajadores un “dinero maldito”. Hace un llamado a no involucrarse en la industria de los vicios y la perdición y a buscar labores que enriquezcan a las personas que las realizan y que además, aporten un beneficio a la sociedad. El lo llama hacer “pan y no veneno”. Como un gran maestro, finaliza describiendo cuál debería ser el papel de cada miembro de la sociedad para lograr erradicar éste y otros problemas que adolecía El Salvador de su época; dándole un papel preponderante a la mujer como madre, esposa, novia, amiga.