De la introducción (Sublime Obsesión) de Carla Matteini [E]ntre su amada fijación por el Papa y el espectro de la droga, Fo construye una fábula moral en clave de farsa, que arranca con un excelente recurso dramatúrgico, el de la paradoja. Porque ¿qué ocurriría en el Vaticano, en la Iglesía católica y en el escenario político mundial, si un buen día el Papa, por otro lado nada imaginario y sí muy reconocible, se asomara a su escaparate preferido, el balcón de la basílica de San Pedro, y apoya la legalización de la droga (excomulgando de paso a los narcos), se declarara partidario ferviente de los anticonceptivos y el aborto, e invocara para a Iglesia de Roma el retorno a la pobreza evangélica de sus orígenes?