Mas de 30 microrrelatos que han logrado sobrevivir, de computadora en computadora, por 25 años sin ver la luz. Escritos en un triste sótano, amargados (no endulzados) con algunas gotas depresivas, cotidianas o terroríficas, cuyo fin era vencer el aburrimiento y la monotonía de cuatro paredes grises en un edificio josefino.