Mientras los escritores continúan creando ficciones y los pensadores se empeñan en escribir libros para divulgar su pensamientos, nos seguimos preguntando si ha concluido esta antigua manera de transmitir conocimiento, si el mensaje escrito se pierde cuando pasa de una página a una pantalla o si la comunicación tiende a la universalidad a costa de empobrecerse. Si es así entonces seriamos testigos del advenimiento de una cultura cuya novedad consiste en prescindir de os libros como columna vertebral. Porque al final de cuentas uno se pregunta -y tal es una de las preocupaciones de este breve ensayo- si lo que llamamos humanismo, es decir el progreso de la humanidad a través del acuerdo entre los hombres, sería imaginable sin un constante, abundante trafico de libros.