La poderosa templanza lúdica del estilo de Octavio Armand no le permite dejar pasar, sin atraparla al vuelo, la gracia de una correspondencia sonora que le sale al paso mientras escribe; no se le escapa nunca la posibilidad de establecer enlaces entre palabras parecidas. De allí su gusto por las analogías y las etimologías, los espejos y los ecos. Escribir es cubrir es un despliegue asombroso y vertiginoso de esos poderes mágicos del lenguaje que Armand, astuto brujo, declama y exclama entre pases y pasos de aliteraciones y paronomasias en un festivo mosaico resonante donde las ideas surgen como relámpagos. Escribir es cubrir es una extensión de esa siempre abundante deriva de varia lección que caracteriza su trabajo ensayístico ya conocido, con un rasgo particular que vertebra su pluralidad: la referencia a Cuba, los manes y desmanes del exilio, la nostalgia de la infancia, la dicha y la desdicha de la lengua nativa que, a la vez, se contamina y reanima con la sangre de la lengua extraña pero estimulante del destierro. En estas nuevas y viejas páginas está de nuevo—el mismo, el otro—Octavio Armand, diciéndose y desdiciéndose, derviche de su siempre vertiginosa danza verbal. Rafael Castillo Zapata