
Hay leña puede ser un diario de viaje hacia la naturaleza. Así lo leí yo, en esa clave. Quizás porque sé que Jimena alquilaba un PH con terraza en Olivos y trabajaba en microcentro y desde hace poco más de tres años ella y su compañero viven en medio del campo, en una casa vieja y preciosa, acompañada de una amorosa banda de perros, en la zona rural de Gualeguaychú. Podría parecer un viaje idílico. Los poemas tejen, sin embargo, una urdimbre más compleja: A veces el paisaje se resiste a ser habitado Donde hay oscuridad también hay asombro, fascinación y peligro, brillo y espesura. La naturaleza no es dócil. Es una criatura de muchas caras con respiración propia, repleta de principios que Jimena anota en forma de poema para desentrañar alguna incógnita. Necesito confiar, la naturaleza sabe cosas que la experiencia no conoce Este libro de poemas parece la mejor prueba de que a Jimena que alcanzó la necesidad del descanso y emprendió el camino de llevar adelante su existencia en sintonía con la tierra, la luna, la poesía y todas las criaturas –interiores y exteriores- que habitan el pedazo de mundo donde decidió contemplar cómo crecen las flores salvajes. La verdadera revolución. - Sara Paoletti