
Se lo advertí. Le dije que no se acercara. Le enseñé todas mis partes oscuras y siempre las enfrentó con valentía. Caminó entre mis fantasmas y nunca gritó. Luchó contra mis demonios y jamás se traumó. Le dije que era el humo que precede el fuego cuando se apaga, pero que si se le brinda el oxígeno necesario puede volver a encenderse. Rosie fue oxígeno y encendió algo que no creí nunca sentir, sí, sentir y no sufrir, porque con Rosie Müller no sufrí, con Rosie Müller sentí y fue lo peor que le pudo suceder, porque ahora soy un enfermo obseso que se tortura por poseerla. La detesto como nunca he detestado a nadie y la necesito como nunca he necesitado a nadie. Y no voy a dejar que ella sea feliz nunca, no sin mi, no sin este monstruo que solo ha aprendido a respirar por ella y para ella.