
Morí y volví a la vida. Nada había cambiado para mí. Excepto que estaba a punto de ser padre y me había perdido todo el embarazo de mi esposa. Ahora era libre para amar a Zac y a Ava para siempre. O eso pensé. Me alejaron de los dos hombres que más amaba. Ella seguía haciédome daño. No le importaba nada, sólo ella. No sólo me secuestró a mí, también a mi bebé. Se apoderó de él. El miedo por lo que pudiera hacerle me consumía. Nuestra familia había vuelto a la normalidad. Eso es lo que creíamos, hasta que se la llevaron. Ava fue secuestrada por su madre. Nuestra familia volvía a estar rota, separada. Me estaba volviendo loco sin mi esposa.