Antonio Buero Vallejo abordó una fórmula nueva de tratar el tema de la historia en el teatro, de forma que el drama histórico cubre dos metas: la de recuperar un ayer conflictivo y olvidado, y la de reflexionar sobre acciones y comportamientos intemporales del ser humano. Así, en Las Meninas, Velázquez se convierte en el receptor que contempla el dolor humano y las injusticias sociales, el enmascaramiento de la realidad por los tópicos y engaños vigentes y la encrucijada de la responsabilidad del artista.