Las manos de ella reconstruyen, a través del cuidado, una realidad que se desploma cada día, a cada tantas horas, a cada tantos minutos. Las manos de él pretenden fijar, por medio del apunte, las claves, las coordenadas de un mapa que se desvanece una y otra vez sobre la página en blanco. Somos testigos de una secuencia de fracasos, de caídas y de nuevos comienzos: del hastío, del tedio y de la esperanza. En medio de todo, lo invisible se vuelve menos transparente, y una imagen se va formando. « Las ruinas de la memoria » es el ejercicio de esa mirada que persiste en ver la vida que está oculta detrás de la polvareda de nuestros derrumbes cotidianos.