"Alejandro Bravo demuestra las virtudes expresivas del autentico cuentista: verosimilitud, intensidad de la acción, suspenso hasta el desenlace y, sobre todo, rigurosa economía en su discuros". Tal es la calificación que hace Jorge Eduardo Arellano en su Literatura Nicaragüense, del narrador nacido en Granada (1953) hijo del también narrador Carlos A. Bravo. En esta obra, Alejandro Bravo recoge los elementos de las leyendas de Nicaragua y las transforma en mágicos relatos, plenos de misterio y fuerza narrativa.