
Horas después de la muerte de su marido, una caja con libros llega a casa de Reme por error. En lugar de devolverlos, toma uno al azar y comienza a leer. Algo ocurre a partir de ese instante: Reme se encierra en casa y los devora con fruición quijotesca; siente que le hablan de su propia historia de supervivencia, sexualidad contenida y frustraciones. Al salir de su encierro ya todo le parece distinto y odioso: el barrio de suburbio en el que vive, los muchachos que se citan bajo su ventana, su propia existencia desperdiciada. Cautivada por la literatura recién descubierta, Reme comienza a ver el mundo a través de sus lecturas y descubre una rebeldía palpitante y simbólica, una insumisión capaz de traspasar las fronteras de la ficción y alcanzar la realidad. Los libros repentinos es una novela sobre el poder sanador de la literatura, y sobre su poder perturbador. Como el hidalgo Alonso, Reme intuye que la justicia social sólo puede alcanzarse si la lucha se reduce a un pequeño medio, el tamaño de un barrio que se convertirá en un nuevo campo de batalla sin molinos ni ventas embrujadas, pero con muchachos lumpen, chicas embarazadas a los quince años, activistas urbanos, represión política y brigadas antidisturbios. Crítica social y humor satírico, patetismo y ternura se combinan en una prosa de una calidad literaria tan rotunda como hechizante.