«Tienes que encontrar la Cura ». Susurró con palabras poco audibles. No sabía a qué se refería. Podía estar alucinando, podría ser cualquier cosa pero una vez más apretó mi brazo con fuerza y volvió a « ¡Tienes que encontrar la Cura! ». Dicho esto, abrió los ojos con impresión y murió. Definitivamente aquello marcó la manera en cómo seguirían las siguientes semanas.