
Todas las historias son la misma historia –la del amor y el dolor, la historia del hueco–. En "Otras aguas no" María Domínguez del Castillo explora la tensión entre ficción y verdad y las (im)posibilidades comunicativas del lenguaje, interesándose tanto por lo que este puede lograr como por lo que no. Reúne así una colección polifónica de tradiciones diversas, voces que la autora convoca ya sea mediante la escritura acuática, el desbordamiento fluvial, o la ambigüedad de la concisión y la sugerencia. La necesidad de decir se debate entonces entre el exceso y el silencio. El título evoca los versos de Anne Carson, que sobrevuelan el poemario: «hay aguas que nos ahogan. Otras aguas no». Cuando ciertas aguas no llegan a ahogarnos, es preciso aprender a vivir con o en ellas. Ya sea el cantar cauce, contención y mesura, palabra reflectora y refractora y filtradora de luz, o letanía inorquestada de voces y tiempos, lo cierto es que se escribe. Pese a que no importe nada. Y dado que no importa.
