Postales sin dirección del remitente, porque vienen de ningún sitio. Engler García las envía, como quien vacaciona indefinidamente por un sitio a donde no iremos sino a través de sus fotografías, borrosas, opacas, donde las únicas sonrisas fueron obligadas frente a una cámara que alguien carga en el bolsillo. Sus textos dan testimonio de un mundo que pasa invisible frente a nosotros, de donde nadie quiere estar, donde nadie quiere ir. Pero en ellos, el autor halló algo que merecía ser recordado, como la única posibilidad de salvar una vida que se pierde junto a las otras, en la nada, mientras atestigua con inmensa perplejidad la permanencia de lo bello.