Retorno a mi casa en Bogotá y la densidad del mundo de mi padre me persigue. Cuando salgo a caminar tengo el pensamiento de que algún bus se quedará sin frenos y moriré en ese accidente. Otros días visualizo una escena en la que el edificio donde estoy se derrumba y muero. Los interrogantes permanentes relacionados con una muerte catastrófica mantienen mi cuerpo en estado de emergencia. No fue suficiente haber huido.