
Habían pasado de ser píxeles en una pantalla, de ser Sandalveth y Efarin, a ser Vera e Izan. Todas las barreras se habían derrumbado tan de golpe que aún estaba confusa. Encarnar a la bárbara Sandalveth en Reinos de Alanar lo es todo para Vera. Sobre todo, cuando recorre el juego junto al hechicero Efarin, su mejor amigo, aunque sólo lo conozca en aquel mágico mundo digital. El verano está por llegar y ella tiene la perspectiva brillante de poder echarle muchísimas horas a su videojuego favorito. Pero el destino nunca se comporta como uno quiere y su viejo ordenador se estropea en plena época de exámenes, apartándola de Efarin y todos sus planes. Por si fuera poco, de un día para otro su hermano le da una noticia que lo cambia todo: tienen que irse a vivir a otra ciudad. Ahora debe enfrentarse a una mudanza, al inicio de una nueva vida en Guadalajara y a su ingreso en el bachillerato de Artes sin el apoyo incondicional de su amigo. Al final va a ser verdad eso de que no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes…