Los dioses lo saben. Ignoro si se trata de los Áureos o de los miembros de algún panteón pagano, si lo que guía sus manos es la justicia o la inquina, si responden a mis súplicas o a mis blasfemias. Pero lo saben, no cabe duda. Ellos, que todo lo pueden, son conscientes de que hoy acaba mi penitencia. La tormenta es la prueba. El viento desafía al mundo con su rugido. El rayo y el trueno rompen el cielo en pedazos. La noche se derrama sobre la ciudad de Damúh.