
«La música es el refugio para las almas perdidas.» Mi abuelo me enseñó a tocar el piano. Todo comenzó cuando mis padres me obligaron a vivir con él para cuidarlo, cuando era un joven inseguro en una ciudad donde me sentía solo y donde los demás chicos me acosaban. Fue él quien me mostró la magia que surge de las teclas, esa que es capaz de llevar tu vida a través de una sonata llena de impulsos ocultos y sueños, que te inspira a ser algo grande, a volver a donde perteneces y a aceptar que amar a otro hombre también es posible. Siempre imaginé que había comenzado a tocar el piano por casualidad, por simple aburrimiento; ahora tengo la certeza, de que fue el piano quien me eligió.
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