
Vívica siempre ha sido la más segura y despreocupada del grupo. Nada podía hacerle perder el equilibro, ni tambalearla emocionalmente. Una crack de la geología, adinerada y con las tres mejores personas que la vida había podido poner en su Dásya, Sley y Bloom. Pero todo se tuerce cuando menos te lo esperas. ¿Dónde? En Alaska, su nuevo destino, el lugar donde estudiará el glaciar Margerie. ¿La razón? Oh, nada, bueno, solo el hecho de que el mismísimo Theros Makeland va a trabajar con ella. Sip, codo con codo. El mismo chico que ha estado en el fondo de su cabeza desde hace años, el mismo que la vio de verdad por quien era y no por quien aparentaba ser. Todo lo que había mantenido en un baúl cerrado a cal y canto, está volando por la habitación sin que ella pueda hacer nada para evitarlo. ¿Y si a la viva representación de la seguridad y la confianza ahora le tiemblan hasta las pestañas? - - - - - - - - - «Soy una desgraciada nivel extremo», escribí en el grupo en cuanto acabó la reunión y pude ausentarme. «¿Eres demasiado guapa y el reflejo del ordenador te distrae?», se burló Dásya rauda y veloz en aparecer en el chat. Sley y Bloom le siguieron el juego, pero yo no podía bromear ahora. «Me han asignado un nuevo proyecto», empecé. Me obligué a hacer una respiración profunda. «Y voy a trabajar con Theros».