En la dura y febril Nueva York de principios del siglo XX, Bradshaw Verlen ha logrado convertirse en un importante ingeniero e inversor. Quienes lo han visto crecer en el barrio pobre del que proviene, lo temen y envidian, y la clase social en la que ha irrumpido reniega de él. Pero a Bradshaw todo eso lo tiene sin cuidado, porque sus inventos para mejorar la productividad y seguridad de las fábricas lo están haciendo rico. Le basta con eso... hasta que un día tropieza con una joven irlandesa por la calle y empieza a desear algo más. Mucho más. Quizás demasiado. Las mujeres siempre le han parecido criaturas complejas, cuando no una fuente de problemas, por lo que las ha mantenido a distancia. Pero necesita ver a Katherine, necesita tocarla y, al mismo tiempo, recuperar la calma y la racionalidad. La solución es clara: necesita que ella esté siempre a su lado. Sin embargo, la vida de Kate, al igual que los planos de Bradshaw, tiene líneas y trazos enrevesados: una herencia en Irlanda que resolver, unos preciosos caballos salvajes a los que domar y un legado que preservar... Ella sencillamente no puede enamorarse de un desconocido.