Hace 27 años que la yerba mate está prohibida. Cuesta conseguirla, cuesta pagarla, cuesta esconderla. Las bombillas hay que disfrazarlas como pulseras, o improvisarlas, del mismo modo que los recipientes, el agua no siempre está tan caliente, la yerba no siempre es yerba. La opinión pública es privada, los bancos dejaron sus cajas fuertes vacías. Para cruzar ciertos barrios hay que pagar peaje, para distribuir yerba hay que andar con cuidado: las requisas se extienden, la resistencia también. Bienvenidos al submundo del mate.