
Como los anatomistas del siglo XVI, G. Munckel nos ofrece una observación a cuerpo abierto. Sus cuentos diseccionan la masculinidad para revelar, en precisos y preciosos cortes, que no es una machina vacui. Los niños aprenden demasiado pronto que todo vacío, por incipiente que sea, tiene un peso específico; los hombres, que los huecos están hechos de una extraña y palpable materialidad. Esa es la ternura sangrante de este libro. Magela Baudoin