Rebelde, imaginativa y dueña de una voluntad inquebrantable, Camille Claudel fue desde su infancia una artista precoz. Sus excepcionales fotos para la escultura le permitieron librarse de su destino doméstico y convertirse en una de las escultoras más brillantes y solicitadas de la Francia de finales del siglo XIX. Musa y amante de Rodin, luchó con todas sus fuerzas para escapar de la sombra del genio y brillar con luz propia en un mundo artrítico dominado por los hombres. Tras una vida marcada por la pasión y loa tragedia, hoy se la reconoce como una de las escultoras más importantes por la originalidad y calidad de su obra.