Rezar con palabras humildes, no por serviles sino por devocionales. No hay reverencias complacientes o escenográficas, sino un lugar de enunciación genuino devenido escritura. Aceptación como instancia superadora de la polaridad. Una ética del respirar. Una poética del decir. Admirable unidad conceptual que lleva a pensar estas Crónicas budistas como un único poema segmentado en diversos pliegues. Cada pliegue es una reverencia de colores tenues, un gran poema como una ola que atraviesa ráfagas de odio, desconfianza, guerra, resentimiento, ira y vergüenza. Todos estos sentimientos mundanos no están obliterados en el libro: una sintaxis cercana la plegaria los transmuta en silencio.