Cuentan las leyendas apócrifas que el cuarto traidor hizo lo peor de todo: se llevó sus manos. Tras el altercado en la casa más allá de los límites del mapa, la niña Erai utiliza el poder de las manos sobre el manuscrito del Erador: en el fragor de la lucha, acaba retrocediendo por error junto a Fainn, Lera y Kali a los tiempos remotos en los que el dios aún vivía y escribía a placer la historia del mundo, sin mostrar reparo a la hora de hacer y deshacer según su voluntad. Con ayuda de los traidores originales, intentarán salvar lo que queda de un universo contenido entre unas páginas malditas que están a punto de colapsar. Solo puede haber unas manos, solo puede haber un manuscrito y el tiempo corre en su contra.