El juego consistía en ponerse el aro naranja en la cintura y hacerlo girar y girar, una vez y otra, lleno de piedrecitas que sonaban como el viento cuando daban una nueva vuelta en torno al cuerpo. El truco o la habilidad se basaba en mantener un contoneo constante de las caderas y de los brazos logrando gestos de pantera, de serpiente, mientras el aro se movía y no cesaba de emitir el ruidito de las chinitas que desde dentro imitaban el soplo de un murmullo.