Recluido en un apartamento, un pornografo responde las cartas que hombres y mujeres le escriben, guiándoles en un laberinto hecho de vértigo y lujuria. Este oficio extenuante lo consume emocionalmente. Sólo tiene un respiro: observar desde el balcón a su amada Úrsula. Pero ella decide cambiar las reglas de la relación. Ya no más visual, sino epistolar. El pornógrafo por primera vez recibe y escribe cartas de amor. La medida del tiempo pasa a ser leer a Úrsula y escribirle. Poco a poco su antigua vida se agota, y apenas llega a vislumbrar la que viene.