Esta novela, que se puede comenzar a leer indistintamente desde Ella o desde Él (según que el lector sea una chica o un chico), plantea a través de las peripecias de Silvia y David una meditación sobre lo femenino y lo masculino, cuya progresiva ambigüedad constituye uno de los mayores naufragios con que se encuentran las nuevas generaciones. La presente historia intenta llevar a cabo una redefinición más allá de los estereotipos, diferenciando la feminidad y la masculinidad esenciales de los accidentes. El hecho de que los enigmas que se plantean en Ella se resuelvan en Él, y al contrario, de modo que la chica o el chico que acaban la lectura de su parte, tengan la complementaria si desean conocer toda la historia, recalca de una manera simbólica la necesidad de colaboración entre los sexos.