Alguien dijo que el mejor truco que jamás ideó el diablo fue el de convencer a la gente de que no existía. En un futuro cada día más próximo, la lucha evidente por el poder es sustituida por el trabajo incansable que los poderosos llevan a cabo con el fin de convencer a la ciudadanía de que no lo son. Si el pueblo cree que rige sus propios designios, ¿quién se levantará para cuestionar la validez del sistema?