Cada historia de Hell’s got talent y otros cuentos se esfuerza por hacernos apartar la mirada con cada uno de sus horrores. Ariel F. Cambronero captura la transformación angustiosa de vivencias comunes en pesadillas perturbadoras, referenciando aquellas situaciones que deberían producirnos consuelo y alivio, como la infancia, vistas desde una lente pútrida. Al juntar estos elementos, le abre un portal a ese fragmento de nosotros que sentimos ajeno, que buscamos apartar en el rincón más oscuro de nuestra mente, y le permite acecharnos desde dentro, dejando que se apodere de nosotros como un monstruo de tentáculos hechos con nuestras propias vísceras, sin poder escapar de nosotros mismos.