
La obra de Lovecraft es una mezcla de terror y ciencia ficción que visita tanto los adelantos científicos de época, como las tradiciones de todo lo extraño presente en lo mitológico y religioso de la humanidad. Su propia mitología, construida con clara conciencia de lo apócrifo, apunta a lo que se ha nominado "horror cósmico", con sus seres primordiales y razas extrahumanas, la conciencia del espacio-tiempo como una mixtura moldeable y las fuerzas y amenazas de carácter estelar. De Poe conocemos su propensión a lo fantástico y al terror considerado como aura, y en fin, sabemos muchas cosas más, por mano y boca de especialistas y estudiosos. Y sin embargo, no tenemos –y si las hay son contadísimas– buenas traducciones de su poesía. Las hay, y generalmente literales, con todo lo que eso implica: es decir, pasar por alto el ritmo, la rima, el sonido y la cadencia de los textos traducidos. Esto trae un resultado poco amabie y que no hace justicia al autor. Figueroa ha querido emprender un trabajo diferente, que intenta captar elementos intangibles, brindando la atención debida, apoyado en su calidad de poeta.