Con Jacob y el otro estamos ante un ejemplo de la narrativa de Onetti en todo su esplendor. Es una historia capaz de llamar a continuas relecturas, en las que la mayoría de nuestras convicciones se verán cuestionadas y hasta bloqueados por nuevos asombros. Onetti, siempre "fiel a la manía de alterar el orden de las cosas del mundo en que podemos entendernos", administra dudas y certezas con una maestría difícil de emparejar.