Periodista vocacional hasta la médula, Katharine Graham se convirtió de la noche a la mañana en propietaria y editora del Washington Post tras las muertes de su padre y de su marido. Su valentía y profesionalidad la llevaron a desafiar al Gobierno de Estados Unidos con la publicación de los Papeles del Pentágono y el caso Watergate, en una época en la que destacó por ser la única mujer en los círculos de los grandes medios de prensa. La publicación de sus memorias le valieron el premio Pulitzer.