
Los hombres: son los que dejaron un día la aldea para aprender a malvivir en los arrabales de las ciudades. Son esos fantasmas tristes que cultivan sus odios antiguos entre horizontes de cañerías reventadas, bares como oasis de neón y portales hediondos. Son Abelardo y Sindo, los dos hermanos que consumen su destino guiados por una mano ajena y experta, que conoce el justo precio de la muerte. Las mujeres: son el contrapunto real y poderoso de esta tragedia urbana que tiene sus raíces lejos en el tiempo y en el espacio. Son las esposas, las amantes, las prostitutas, y entre ellas, rodeadas de un halo mítico, la madre, la bruja dominante y arbitraria, que recorre como una maldición los hilos de la trama. Las palabras: son las voces del lenguaje que suso de toro ha inventado, elaborando y contaminando su idioma natal, el gallego, hasta convertirlo en un personaje más de este mundo marginal y extraño cuyos mecanismos secretos unen a Shakespeare y a Daniel Hammett en un personalísimo homenaje a la literatura contemporánea.