"Aquel otoño y también durante el invierno y la primavera siguientes, no hubo un día que no pensara en él. Era como tener el mismo sueño nada más dormirte. Recostada en el almohadón negro del sofá, fantaseaba con que la estrechaba entre sus brazos. Era de imaginar que no recordara su cara, pero se le aparecía con todo detalle, el rostro arrugado de un hombre de vuelta de todo, irónico, dado a los ambientes cerrados. De cuerpo tampoco estaba mal, quizá un tanto venido a menos pero competente, y deseable como ningún otro".