
En la sinfónica turbulencia de la atmósfera, entre nubes doradas, un pterodáctilo vuela junto a su pterodáctila. Sus ojos antediluvianos son los espejos del fuego en el corazón de los volcantes. Vuelan juntos. Como viajeros elegantes. ¿De qué sirve un pterodáctilo sin su pterodáctila? José Sbarra