
La poesía de Rafael Cadenas ha ido admitiendo mutaciones radicales: del ámbito suntuoso y hechizado de su libro inicial Los cuadernos del destierro (1960), pasando por las refracciones y los desdoblamientos de la conciencia en Falsas maniobras (1966), ha llegado a este «lenguaje emanado puntual fehaciente no el engaño / de la palabra que sirve a alguien», de Memorial. Mutaciones: transmutaciones: progresión hacia un fin buscado por distintas vías: la liberación tanto de las falacias del Yo como de las del lenguaje, de la sociedad, de la historia. Cadenas trabaja por impregnación, por obsesión, desatendiendo modas y hábitos de la actualidad. Quizás por ello Memorial podría ser considerado como uno de los libros más intensos que se han publicado últimamente en nuestro país. Significativo: esa intensidad nace de un rechazo, la «ardiente lucidez» de un no que, al eludir toda seducción, sabe, sin embargo, participar aun desde su ausencia, aun desde su desasimiento. Ausencia y desasimiento: formas críticas, no soluciones escapistas: la otra (¿la verdadera?) participación. Para llegar a ella hay que pasar primero por la prueba purificadora: el rechazo. Así, la reducción que se practica en este libro—laconismo extremo, notaciones, silencios, «memorial» ni de agravios ni de virtudes sino de desposesiones—se convierte finalmente en expansión, en otra busca del esplendor. Memorial está integrado por tres conjuntos poéticos escritos entre 1970 y 1975.
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