
Esta edición de Obra Completa de Miguel Hernández se basa en un trabajo sistemático sobre los materiales manuscritos y mecanografiados del poeta, depositados en el Archivo de San José de Elche. Por ello, incorpora a cualquiera de las precedentes un conjunto de inéditos (más de un centenar de poemas), además de la obra teatral El torero más valiente, reconstruida y publicada por Agustín Sánchez Vidal en 1986. Ese trabajo de revisión de un archivo nunca utilizado de forma tan exhaustiva ha abierto perspectivas más amplias sobre la obra hernandiana, que se han traducido en una nueva ordenación de los bloques que median entre los libros publicados en vida del poeta. Se sigue, en cualquier caso, la orientación general de Sánchez Vidal en su edición de Poesías completas (1979), así como las propuestas desarrolladas para el tramo final de la obra por José Carlos Rovira (1985, 1990). A todos estos materiales se añade un aparato crítico que, aunque basado en el de Poesías completas (1979), es considerablemente más amplio, ya que se transcribe el proceso de elaboración (esbozos, variantes y tachaduras) de cada poema a la. vista de las sucesivas versiones, a algunas de las cuales no se tuvo acceso con anterioridad. Ese renovado estado textual procede de una transcripción sistemática previa de la totalidad llevado a cabo por Carmen Alemany Bay, que es parte de su tesis de doctorado y ha enriquecido de forma notable el resultado final. La responsabilidad última de los volúmenes corresponde a Agustín Sánchez Vidal (toda la poesía hasta Viento del pueblo; la edición de El torero más valiente; las prosas y el epistolario) y a José Carlos Rovira (El hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias, y la edición de todo el teatro a excepción de El torero más valiente). Esta responsabilidad ha sido compartida totalmente por Carmen Ale-many Bay en lo que respecta a la poesía, al aportar los nuevos materiales textuales mencionados, y también en algunos aspectos del volumen de teatro, en especial los que atañen a El labrador de más aire. En la parte correspondiente al teatro, han colaborado, además, Abel Villaverde Pérez en Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras y en Pastor de la muerte-, Jesucristo Riquelme Pomares, en Los hijos de la piedra, y Miguel Ángel Auladell en El labrador de más aire y en la corrección de las pruebas. También Rosa Sanfrancisco. La propia envergadura del aparato crítico ha obligado a desistir, a excepción de las notas de interpretación de Perito en lunas, de otro tipo de observaciones que no fueran las meramente textuales, ya que de lo contrario se hubiese duplicado una anotación apurada hasta los límites de lo editorialmente posible. Por idéntica razón, las introducciones no pretenden agotar lo que la obra de Hernández podría dar de sí —y mucho menos su biografía—sino que están puestas al servicio del mismo objetivo que la edición: ofrecer a los interesados en sus escritos una herramienta de trabajo actualizada respecto a los editores y estudiosos que nos han precedido. Sin que ello obste para que sus decisivas aportaciones se recojan en los lugares oportunos, queremos aquí expresarles nuestro reconocimiento por una labor llevada a cabo a menudo en circunstancias mucho más difíciles que las presentes. Diciembre de 1991.