Su último cuento. Ella sentía que se iba acercando a lo que buscaba. Y lo dejó en mis manos antes de irse. Me senté frente al espejo, me vi como quien mira a Tania, y la escuché como quien lee su cuento a una amiga que descubrió en esta imagen que revelo, que regalo al tiempo para que guíe mi voz, y me permita darle a su texto lo que ella dejó guardado en mi bolsillo más secreto, el que llevo a la izquierda de mi pecho. Quieres que te cuente una historia que no es cierta...