Pasaban en silencio nuestros dioses es la tercera y última etapa de una trilogía que comenzó con los relatos de No todos los hombres son románticos y los poemas de Canciones para los que se han separado. El escritor ajusta las cuentas principales con los amores y los horrores de su tiempo. Nos encontramos en la ciudad de México en los años el feminismo, la militancia, los cabarets, las drogas, las comunas, la sexualidad como verdadera vía de conocimiento, y José Revueltas como arcángel utópico. No por ello hay crónica, arenga, sociología o nostalgia en la escritura de Manjarrez. Lo épico, lo trágico, lo ridículo y lo personal tienen, al parecer, exactamente la misma dignidad.