
«Ada está huérfana de hijo, ese terror**que parece que solo puede tener casa en**la palabra locura .» Cuando Marcos era pequeño le dejaba cartas a su madre antes de ir a la escuela. Ahora se aparece en sus sueños, porque le quiere contar a qué lugar lo llevaron… cuando lo desaparecieron. Ada está en una carrera contra el tiempo, porque teme morir antes de encontrarlo, pero de una cosa está tiene que buscarlo en un árbol. En el corazón de la ciudad, cortaron la palmera y en su lugar sembraron un ahuehuete que ha muerto por razones extrañas. Y la escritora quiere escribir sobre eso, denunciarlo. Así es como se cruza en el camino de Ada y de otras madres buscadoras que también sueñan dónde están sus hijos. Y aunque la fiscalía quiere enterrar los expedientes de los sueños, esas coordenadas indican a dónde fueron los desaparecidos con una precisión inexplicable. Los árboles lo ven todo. Testigos de la muerte que se acumula en sus raíces a manera de fosas clandestinas, y que se manifiesta en sus troncos y hojas, se convertirán en traductores de la búsqueda, en interlocutores entre la memoria, la ausencia y la esperanza. ¿Y si lo que ha sido silenciado estuviera hablando a través de los árboles? Alma Delia Murillo narra la tragedia colectiva de nuestros desaparecidos y lo hace con indignación y dolor, pero también con amor, lucidez y un humor vital que empuja a seguir leyendo. «**Desdelasprimeraslíneas**una sabe que**estáante un granlibro. Esuna**novela de**una**belleza brutal y**escalofriante.Agradezcohaberlaleído. Mevaaacompañarsiempre.»-PilarQuintana«Lo**silenciado se**esfuerzaporregresary, aveces,logramanifestarseenárbolesenfermos,enanimalesembichados,enhongososcurosque,comoelinconsciente,sabengritaral**mundo sus**verdades. Eneste**relato que**tiene**elementos de la**mejornovelanegracruzadoscon lapotenciade la no**