Mujer de una inteligencia superlativa y de una inquebrantable tenacidad, Rosalind Franklin entregó su vida a la investigación científica como servicio a la humanidad, enfrentándose a las dificultades y restricciones de un mundo académico regido por hombres, que superó gracias a su temperamento y capacidad de autonomía. Su insoslayable contribución al descubrimiento de la estructura en forma de doble hélice del ADN, ocultada e ignorada durante décadas, logró finalmente salir a la luz y la encumbró como una de las figuras fundamentales de la ciencia del siglo XX.